viernes, 30 de abril de 2010

Filosofía Política: Política de la Liberación y Enrique Dussel

El 18 de abril de 2010 escribí sobre la propuesta teórica-filosófica de Enrique Dussel y la Ética de la Liberación. Nuevamente, comparto con ustedes algunas premisas y propuestas principales, esta vez, de otra de sus grandes obras titulada Política de la Liberación, historia mundial y crítica, la cual fue utilizada por el autor, como referencia, para abordar su ponencia en la Escuela de Derecho de la Universida de Puerto Rico, el 17 de abril de 2010.

"En este relato nos proponemos, de manera parcial, inicial, indicativa o como un proyecto para varias generaciones por venir, de-struir- en el sentido aproximado al heideggeriano-, exponer una posible historia de la política, la historia de los pueblos, que son los actores políticos, y el pensamiento o la filosofía política que los ha inspirado. Por lo general estas historias, aun las más afamadas y recientes, siguen dentro de ciertos marcos que las limitan. Romper estos marcos, aunque propedéuticamente, es el propósito primero, frontal de esta historia. Los límites que deseamos romper, de-struir, de-construir, para formular un relato sobre nuevas bases, es decir, des-estructurar para componer el relato desde otro paradigma histórico, son los siguientes: ..." (p.11)

"Un sexto límite lo constituye el colonialismo teórico, mental, de las filosofías políticas de los países periféricos (la otra cara del eurocentrismo de los países geopolíticamente centrales), que leen e interpretan por lo general, con excepciones, las obras de la Modernidad política europea desde la territorialidad postcolonial, dentro de la problemática de los filósofos del centro (H. Arendt, J. Rawls, J. Habermas, etc.), sin advertir la visión metropolitana de esta hermenéutica, y no desplegado, como filósofos "localizados" en el mundo postcolonial, una lectura crítica de la metrópolis colonial. No han llegado al "giro descolonizador". Es frecuentemente una filosofía política colonizada, como dirían F. Fanon o A. Memmi.

Un séptimo límite, y no el menor, que intentaremos superar los latinoamericanos, es el no incluir a América Latina en la Modernidad desde sus orígenes, ya que ha sido participante principal de la historia mundial de la política moderna (aportando, por ejemplo, con su plata el primer dinero mundial, y con su crítica a la conquista la primera filosofía moderna propiamente dicha). Para ello habría que redefinir el inicio de la Modernidad. Sería necesario introducir a España y Portugal desde la invasión de América en 1492, en la Modernidad. Con esto España quedaría redefinida como el primer Estado "moderno", y América Latina, desde la conquista, sería el primer territorio colonial de la indicada Modernidad. Moderna, entonces, en tanto que es la "otra cara" bárbara que la Modernidad necesita para su definición. Si esto fuera así, los filósofos españoles y portugueses y los primeros grandes pensadores latinoamericanos del siglo XVI deberían ser considerados como el inicio de la filosofía de la Modernidad. Antes que Descartes o Spinoza, debe considerarse en la historia de la filosofía moderna a un Bartolomé de Las Casas, Ginés de Sepúlveda, Francisco de Vitoria o a un Francisco Suárez. Ellos serían los primeros filósofos políticos modernos, antes que Bodin, Hobbes o Locke. Hay que aprender a descubrir nuevas preguntas para encontrar nuevas respuestas. Será la ardua tarea de las próximas generaciones latinoamericanas que cultiven la filosofía política.

Y todo esto cobra especial relevancia por la importancia que los grupos latinos o hispanos tienen hoy en la política interna del Imperio norteamericano. La alianza teórica-estratégica entre los filósofos latinoamericanos y los latinos en Estados Unidos tiene en la actualidad una significación política práctica convergente. El "giro descolonizador" es una novedad histórica-filosófica mundial.

Desearíamos que no se leyera esta historia simplemente como un relato más, informativo de muchas posiciones teóricas innovadoramente interpretadas. Sería necesario leerla más bien como un contra-relato, como un relato de una tradición anti-tradicional. Como un buscar lo no dicho, ya que "lo dicho, dicho está" y no es saludable repetirlo. "El decir -con E.Lévinas- dela corporalidad sufriente de nuestros pueblos es el punto de partida.

Este largo camino, que nos ha llevado años para expresarlo, y una vida entera para comenzar a descubrir estas hipótesis contra-fácticas, espero sea emprendido críticamente por las nuevas, por las futuras generaciones latinoamericanas de intelectuales y políticos cuya pasión consista en estudiar lo no investigado, descubrir lo oculto... desde el dolor de las oprimidas y los oprimidos, de las excluidas y los excluidos, de las condenadas y los "condenados de la Tierra" y de la historia." (p.12-13)

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