domingo, 11 de abril de 2010

A Julia de Burgos

Hoy, en el Museo de Arte y Antropología de la Universidad de Puerto Rico, se llevó a cabo una actividad maravillosa de declamación de poesía, en honor a la grandiosa y virtuosa poetisa puertorriqueña, Julia de Burgos. Llena de gran pasión, energía y sentimiento, María Consuelo Sáez Burgos, abogada, profesora y sobrina de Julia de Burgos, nos deleitó, a través de su majestuosa declamación, varias obras de quien fue su tía.

A pesar de su corta vida (1914-1953), Julia de Burgos ha sido considerada por muchos la mejor poetisa puertorriqueña y de latinoamerica. Estudió en mi alma mater, la Universidad de Puerto Rico, y se graduó con título en educación. Amó la enseñanza, amó la literatura, amó la poesía, amó ser mujer, amó la libertad.

Esta tarde, mientras escuchaba algunos versos declamados, sentía nostalgia, pero a la vez, sentía algo más. Eran versos tan cargados de fuerza y sentimiento, que sentía como si Julia me estuviese transmitiendo, a través de sus versos, una enorme fuerza y un gran sentido de lucha. Nuevamente, reafirmé la lucha que he de llevar por mi hija, para que ésta pueda vivir en una sociedad y en un país donde los valores primordiales sean el amor, la igualdad, la justicia, y la libertad de todos los seres humanos.

Aquí les dejo unos versos. Salud.

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YO MISMA FUI MI RUTA
de Julia de Burgos

Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese:
un intento de vida;
un juego al escondite con mi ser.
Pero yo estaba hecha de presentes,
y mis pies planos sobre la tierra promisora
no resistían caminar hacia atrás,
y seguían adelante, adelante,
burlando las cenizas para alcanzar el beso
de los senderos nuevos.

A cada paso adelantado en mi ruta hacia el frente
rasgaba mis espaldas el aleteo desesperado
de los troncos viejos.

Pero la rama estaba desprendida para siempre,
y a cada nuevo azote la mirada mía
se separaba más y más y más de los lejanos
horizontes aprendidos:
y mi rostro iba tomando la expresión que le venía de adentro,
la expresión definida que asomaba un sentimiento
de liberación íntima;
un sentimiento que surgía
del equilibrio sostenido entre mi vida
y la verdad del beso de los senderos nuevos.

Ya definido mi rumbo en el presente,
me sentí brote de todos los suelos de la tierra,
de los suelos sin historia,
de los suelos sin porvenir,
del suelo siempre suelo sin orillas
de todos los hombres y de todas las épocas.

Y fui toda en mí como fue en mí la vida…

Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese:
un intento de vida;
un juego al escondite con mi ser.
Pero yo estaba hecha de presentes;
cuando ya los heraldos me anunciaban
en el regio desfile de los troncos viejos,
se me torció el deseo de seguir a los hombres,
y el homenaje se quedó esperándome.

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