jueves, 7 de julio de 2011

Giro Social hacia la Participación


Publicado en El Nuevo Día en Opinión el 3 de julio de 2011
De autoría desconocida

En el sistema de democracia representativa, como el que tenemos en la Isla, es sobre los políticos, que cada cuatro años buscan en las urnas un mandato del pueblo para ejercer el poder, en quienes recae la responsabilidad mayor de canalizar los intereses y las aspiraciones de la ciudadanía.

Empero, una perversión que emerge con demasiada frecuencia en este tipo de contrato social es que los políticos y los partidos sucumben ante la seducción de sus intereses particulares e ideológicos y ejercen el poder en completa desconexión con aquellos que hicieron factible su ascenso.

Una de las manifestaciones más obvias de esta brecha, según los estudiosos de la política, es el cierre de canales de participación de la ciudadanía en la gestión pública. Una cuestión que desgraciadamente conocemos muy bien a través de asuntos como la aprobación de legislación sin la celebración de vistas públicas para así no darle foro a la oposición ni a los afectados; la introducción del mollero político en el Tribunal Supremo, los atropellos contra proyectos de autogestión como el Fideicomiso del Caño Martín Peña y la falta de sensibilidad en la propuesta de construcción del Gasoducto, por solo mencionar algunos ejemplos.

La respuesta social a esta conducta tiene varias vertientes que van desde la polarización, violencia social y corrupción rampante, hasta la inercia, frustración y apatía de la ciudadanía en los asuntos públicos.

Puerto Rico coquetea peligrosamente por ese rumbo y por ello se hace necesario un diálogo nacional que derrote el conformismo y mueva nuestra democracia hacia una participativa, donde los ciudadanos puedan tener una influencia más directa en las decisiones públicas no solo a través de las urnas.

Se trata de que nuestra democracia evolucione hacia un proyecto de coparticipación. En el mismo, los gobernantes tienen la obligación de abrir espacios y fomentar mecanismos para que el pueblo participe en la gestión pública desde la etapa inicial de identificación de los problemas, hasta la formulación de soluciones, seguimiento y evaluación del proceso, en un espíritu de rendición de cuentas.

Y es fundamental que todos los puntos de vista, ya sean mayoritarios o minoritarios, se traten con el mismo respeto y apreciación.

La otra parte de la ecuación requiere esa misma cordialidad de los gobernados, quienes deben también conocer sus derechos, estar bien informados y tener un ferviente deseo de contribuir a mejorar la política y la gestión de los asuntos públicos. Y, sobre todo, poner esa aspiración en práctica.

Y no se trata de un choque contra el gobierno, sino de una ardua labor en la búsqueda de soluciones mediante consenso y en un ambiente de concordia. El concepto trasciende además el derecho de elegir a los gobernantes cada cuatro años para involucrarnos en los asuntos cotidianos del País.

¿Se imaginan cuán diferente sería Puerto Rico si empleáramos la misma efervescencia y energía con que recibimos a deportistas, artistas o reinas de belleza cuando triunfan en lo suyo, para promover colectivamente un plan de desarrollo socioeconómico que eleve nuestra calidad de vida?
(Foto de Érika Fontánez Torres)

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